Pandemias, renacimiento y reconocimiento. Por Rodrigo Toledo

Pandemias, renacimiento y reconocimiento

Por Rodrigo Toledo, Presidente Regional de Los Lagos y Vocero del Consejo Político Mapuche de Chile Vamos

A través de la historia, múltiples han sido los casos donde la humanidad se ha visto amenazada por enfermedades que han golpeado duramente a sus sociedades. Una de estas fue la peste negra en Europa, donde el número de fallecimientos fue tal que se habla incluso de que hubo una disminución de casi dos tercios de la población.

Paradójicamente, una vez concluida esta pandemia, se da paso a lo que conocimos por Renacimiento, época donde el ser humano puso toda su pasión y conocimiento en función del arte, la ciencia y el comercio, lo que produjo un gran desarrollo en lo cultural y económico. Es posible que una mirada tan próxima a la muerte provocara un replanteamiento de las cosas, tanto en lo personal como en lo colectivo. Misma reflexión que debiéramos hacer hoy referente al mundo que teníamos antes del Covid-19 y a la humanidad que queremos pos Covid-19.

El Coronavirus ha traído consigo incertidumbre, miedo y dolor, pero también generó que la naturaleza recuperara algunos espacios, ya sea con animales deambulando por las urbes o volviendo a ver aguas cristalinas en lugares donde el paso constante del hombre opacó su transparencia. También observamos los esfuerzos científicos por conquistar nuevos paradigmas, para así demostrar nuestra grandeza y superar a un virus que nos mantiene encerrados en casa y enrostrados en la fragilidad.

Por otro lado, en paralelo a la lucha constante de nuestras metas económicas a las que podemos poner precio, se nos hizo irremplazable el abrazo de alguien y cuyo su valor humano es incalculable. Sentimos rabia por esa generación que nos entregó tanto y que pasó por muchas dificultades y que ahora, en pleno Siglo XXI, ve cómo un virus se ensaña precisamente con ellos a los que, para peor, ha sido tan poco lo que le hemos retribuido.

Así como en el Renacimiento hubo un reseteo en términos de arte, cultura y sociedad y fue necesario mirar hacia los antepasados, hoy podemos tomar esa misma fórmula y contemplar a los orígenes y extraer muchas respuestas que quizás han estado siempre ahí. Hablamos de nuestros pueblos originarios, en particular el mapuche. Hay uh dato ahí: no existe la creencia occidental de que el hombre está por sobre la naturaleza para protegerla, sino que está dentro de ella y que forma parte sin restarle la importancia ni sintiéndose superior.

En la cultura mapuche, los ancianos cumplen un rol fundamental, ya que son ellos los que poseen la sabiduría, algo tan distante de la cultura occidental, donde vejez es sinónimo de improductividad o de carga estatal.

En la actualidad, la economía trabaja en función de las necesidades por sobre las utilidades y con un gran compromiso hacia el medio ambiente. Y eso es algo que suena a producción responsable o economía circular, pero que nuestros antepasados lo han practicado por siglos.

Hoy parece increíble que existieron en su momento hijos legítimos e ilegítimos, casi como si en los segundos se tratase de negar su existencia. Algo muy parecido ocurre con el reconocimiento constitucional que reclaman los pueblos originarios. Es acá donde debemos seguir trabajando para que cuando logremos esta anhelada demanda a nuestros hijos, esto le resulte casi anecdótico y señal que se está avanzando por buen camino.

Por todo esto es que resulta tan importante un reconocimiento constitucional. Hemos pasado mucho tiempo preguntándonos por qué los pueblos originarios se lo merecen. A lo mejor, después de lo expuesto la pregunta es por qué Chile se merece reconocer a sus Pueblos Originarios.

Desde los Consejos Políticos Mapuches de Chile Vamos hemos entendido este tema como fundamental. Por lo mismo, en cada oportunidad de debate lo planteamos como una demanda de fondo para transitar por un camino de dialogo política y de paz.

Como regionalistas tenemos la firme convicción de que el desarrollo económico es una utopía si no la hablamos desde una descentralización real. Y como mapuche sabemos que el desarrollo cultural es igual de utópico si no existe un reconocimiento constitucional hacia los pueblos originarios. Sería el inicio de nuestro propio Renacimiento.

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